Reformar la educación musical es un reto para cualquier gobierno. Y más cuando este gobierno se acaba de formar. Por un lado, porque los partidos políticos que optan a unas elecciones no prestan mucha atención en sus programas electorales a la música o la cultura.
Por otro porque los nuevos presidentes no están bien asesorados por equipos demasiado alejados en muchas ocasiones de la realidad del sector.
La educación musical es una oportunidad para cualquier sociedad avanzada.
Un instrumento para aportar valores a este mundo tan necesitados de ellos.
Y no solo para los niños.
Para todas las edades.
El objetivo de una enseñanza musical de calidad en un país debe ser hacer accesible para todos la posibilidad de participar de manera activa del hecho musical.
Algo que no solo debe centrarse solo en la música clásica.
Abarcando todo el espectro musical desde el folclore hasta la música Pop pasando por el Rock o el Jazz y acabando por las especialidades más experimentales de la misma.
Además de toda la enseñanza musical del sistema educativo obligatorio.
Por eso he preparado esta breve guía en 5 pasos para gobiernos electos.
Con 10 medidas URGENTES necesarias para reformar la educación musical.
El primer problema para un nuevo gobierno es saber por qué una educación musical de calidad es tan importante para nuestra sociedad. Sin ir más lejos, a un niño al que se le facilita acceder a la música de forma activa, le estamos ofreciendo entre muchas otras cosas:
Una sociedad formada en su mayoría por individuos tolerantes, empáticos, sociales y acostumbrados a trabajar en equipo es una sociedad que avanza.
Una sociedad que además será capaz de elegir a sus gestores de una manera más responsable.
También un buen presidente del Gobierno.
Que no solo busque el impacto electoral con medidas cortoplacistas.
Medidas que no sientan las bases para una sociedad plenamente desarrollada en el futuro.
Y por ello es fundamental reformar la educación musical.
La historia de la educación musical en España no es tampoco del todo ejemplar. Comenzado el siglo XX, en un primer decreto del 18 de abril del 1900, se crea el Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes, el que se encargaría de la educación tanto pública como privada.
Pero la música se considera como un espectáculo y no como una especialidad en sí, reducida a una asignatura de ¨canto¨ en la incipiente educación española.
No será hasta la II República (1931-1936) cuando la música y la educación musical sea reconocida como una parte fundamental de la cultura.
Recayendo por primera vez en el Estado la responsabilidad de la actividad educativo-cultural y el acceso universal a la misma.
De esta manera se crean los primeros cuerpos de funcionarios de maestros y catedráticos.
La educación musical, incluida dentro de la educación general, será una cuestión de Estado.
Se crea así en 1931 la Junta Nacional de Música que velará por estos principios y reformará la educación musical del periodo.
Una característica importante de este periodo es la de garantizar la calidad y la formación de los maestros de música.
Obligados a reciclarse y adquirir nuevos conocimientos para cumplir los objetivos establecidos.
La guerra civil supuso un parón en este progreso educativo, reduciéndose la educación musical a la enseñanza de canciones populares y patrióticas.
En 1945, a raíz del comienzo del régimen franquista, la música adquiere un segundo plano en la enseñanza primaria.
Reduciéndose su presencia en las aulas a las asignaturas de menos importancia o complementarias.
La educación musical se paraliza y la formación del profesorado se descuida notablemente.
Sin embargo, en Europa, al mismo tiempo, surgen los movimientos pedagógicos musicales más importantes del siglo XX.
Dalcroze, Ward, Kodály, Willems, Orff o Martenot por poner algunos ejemplos.
Después de diversas reformas y leyes, entre los que se encuentran el plan de 1968 con el que yo mismo estudié, la historia se repite cada cierto tiempo.
Y no de la manera más eficaz.
También en democracia.
En lugar de construir para crear una educación musical de calidad, se deshace lo que los gobiernos anteriores hicieron.
Algo que se repite especialmente las últimas 3 décadas.
La historia de fracasos en las sucesivas reformas de la educación musical se repite especialmente los últimos 30 años.
En 1990 se crea la LOGSE (Ley orgánica General del Sistema Educativo).
Un paso adelante por hacer de la música una asignatura obligatoria en los colegios.
Creando la figura universitaria del Maestro en educación musical.
Sin embargo, la formación de estos y los medios con los que contaban, fueron del todo insuficientes para un plan tan ambicioso.
Lo que hacía que muchos de esos maestros llegaran a las aulas sin medios y sin formación.
Cantidad sin calidad.
En la formación de los músicos profesionales se aumentó la parte práctica musical reduciendo el valor de las asignaturas teóricas.
Un intento de comparar la formación musical con una habilidad manual lejos de la realidad intelectual del músico profesional.
La LOE (Ley Orgánica de Educación) trajo en 2006 una disminución de la importancia de la música tanto en primaria como en secundaria.
Un atraso teniendo en cuenta que se puso la música a la altura de la educación plástica, con la que compartía espacio educativo en las aulas.
Pero por si no fuera suficiente, en el 2013 la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa), convierte a todas las enseñanzas artísticas en asignaturas de libre asignación.
Haciendo que cada comunidad autónoma puede decidir si hacer que la música forme parte del currículo o no.
Un desastre.
Y una desigualdad tremenda entre comunidades.
Dejando en manos de políticos locales la legislación y la regulación de elementos muy importantes para la formación del maestro, el alumno y el futuro profesional de la música.
Pero por si no fuera suficiente, las leyes aplicadas al funcionariado artístico hacen que cada comunidad imponga normas específicas para la selección del profesorado.
Con leyes como la de la Ley de Incompatibilidades, que son obsoletas y no tienen ningún sentido.
O condicionando el cuerpo de profesorado a hablar una de las lenguas de la Comunidad en su nivel más alto.
¿Qué mejor profesor puede haber que aquél que es capaz de desarrollar a diario su actividad musical en orquestas, como solista o dando clases en otros centros europeos?
Los profesionales de la música y la educación musical deben tener voz en el Parlamento.
Asesorando a políticos sin formación musical.
Que también sufrieron en su día de una educación musical precaria que les no les permite decidir con solvencia en una cuestión fundamental para la sociedad.
Los políticos deben darse cuenta de que reformar la educación musical debe ser un hecho transversal, interdisciplinar y al margen de cualquier ideología.
La educación musical debe ser una cuestión de estado que debe estar legislada por parámetros de calidad musical.
Y no por criterios políticos o administrativos.
Por eso es muy importante contar con un panel de expertos independientes y sin carné político que puedan asesorar de manera objetiva a nuestra clase política.
Creando las bases para un amplio debate donde las directrices musicales y artísticas prevalezcan sobre cualquier otro tipo de interés.
No se puede dejar que las enseñanzas musicales estén condicionadas por un sistema de selección basado en criterios obsoletos.
Favoreciendo a aquellos profesionales que no se reciclan ni ejercen de manera activa su profesión desde hace años.
Con un sistema de puntos donde en algunas oposiciones el ser capaz de tocar un instrumento que se va a enseñar después, apenas cuenta en el cómputo general.
Algo que sonroja a todos aquellos que ejercemos esta profesión desde hace años dentro y fuera de España.
No son todas las medidas necesarias ni tampoco las únicas que deberían tomarse.
Soy consciente de ello.
Pero las 10 medidas que considero prioritarias serían:
¿Me ayudas a completar esta lista con tus ideas?
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